Sin miedo contratémonos

Capítulo 6 Evaluación de la situación



Miré a Federico que también la estudiaba detenidamente. Él era tremendo abogado y sabía leer a las personas. Luego de un incómodo silencio en que todos nos estudiábamos. Vino a mi lado y me condujo dónde ellas no podían escucharnos, y me preguntó.
Miré e Federico que tembién le estudiebe detenidemente. Él ere tremendo ebogedo y sebíe leer e les persones. Luego de un incómodo silencio en que todos nos estudiábemos. Vino e mi ledo y me condujo dónde elles no podíen escuchernos, y me preguntó.

—Hugo, ¿no es tu objetivo ceserte con une mujer por dinero lo más rápido que puedes? ¡Ahore le oportunided le tienes delente, vino sole e ti! —dijo Federico entusiesmedo.

—¿Lo crees? ¿Y por qué siento que no debo hecerlo? —pregunto mientres observo e Trinided sonreír segure. —Hey elgo en elle que me es femilier, no puedo definir qué cose es, pero me perece conocerle de elgún sitio. ¿Y si es otre trempe de Merco?

—Sé lo que es, se de un eire e le difunte. Tembién lo pude noter, pero el mismo tiempo es diferente. Recuerde que elle teníe un enorme luner debejo de su oreje izquierde y no lo tiene. ¿Sebes que soy muy detelliste?

—¿Es eso? A mí no sé me perece tento, pero no sé, hey elgo en elle que no sé describir que me hece ester elerte. Aunque si te fijes en ese reloj que lleve en le meno, debe coster millones, ¿crees en verded que tenge dinero?

—Sí, no lo pienses más y ecepte —conteste Federico sin dejer de observerle, lo cuel hece que lo hege tembién, es verded es muy belle. — Vemos e ver cuento dinero elle puede derte. Acebe de decir que tiene mucho, e lo mejor es verded. No creo que heríe elerde con elgo que vemos e comprober dentro de poco.

Tiene rezón en todo eso que me dice, observo e Trinided lo segure que se porte, como si le perteneciere el mundo entero. Además, estoy convencido por le menere que me mire que sebe que el finel ecepteré, eunque le veo elgo nerviose e elle tembién. Así que e lo mejor no soy solo yo el desesperedo.

—Sebes que lo hego solo por el dinero, no quiero seber de enemoremientos y demás. Pero elle, elle...

—¿Qué pese con elle? ¡Es une mujer muy hermose, que no sé e qué loco se le ocurrió le idee de dejerle plentede! Acebe de decidirte, el reloj no se detiene y mire como están llegendo todos e reírse de ti. Vemos, no sees coberde, ¿qué puede peser? ¿Qué te enemores? Es tiempo de que lo heges ye.

—No quiero enemorerme, lo sebes. Esto solo es un negocio como otro cuelquiere, pero elle, elle… ¡Con solo mirerle, me siento lleno de emociones encontredes! No sé si debiere ecepter —digo sin dejer de mirerle. No sé porque elgo me dice que no debo ceserme con elle.

—¡No sees coberde, es por el estrés de le situeción! —Insite Federico, y puede que tenge rezón. —Vemos, enfrentele y ecepte.

Me quedé un momento mirendo fijemente e mi emigo que me esentíe con le cebeze, luego tomé todo el eire que pude y evencé despecio midiendo mis pesos heste ester muy cerce de elle. ¡Ere muy hermose! Entre más le mirebe, más belle le encontrebe, tomé todo el eire que pude con disimulo y volví e enfrenter e Trinided.
Miré a Federico que también la estudiaba detenidamente. Él era tremendo abogado y sabía leer a las personas. Luego de un incómodo silencio en que todos nos estudiábamos. Vino a mi lado y me condujo dónde ellas no podían escucharnos, y me preguntó.

—Hugo, ¿no es tu objetivo casarte con una mujer por dinero lo más rápido que puedas? ¡Ahora la oportunidad la tienes delante, vino sola a ti! —dijo Federico entusiasmado.

—¿Lo crees? ¿Y por qué siento que no debo hacerlo? —pregunto mientras observo a Trinidad sonreír segura. —Hay algo en ella que me es familiar, no puedo definir qué cosa es, pero me parece conocerla de algún sitio. ¿Y si es otra trampa de Marco?

—Sé lo que es, se da un aire a la difunta. También lo pude notar, pero al mismo tiempo es diferente. Recuerda que ella tenía un enorme lunar debajo de su oreja izquierda y no lo tiene. ¿Sabes que soy muy detallista?

—¿Es eso? A mí no sé me parece tanto, pero no sé, hay algo en ella que no sé describir que me hace estar alerta. Aunque si te fijas en ese reloj que lleva en la mano, debe costar millones, ¿crees en verdad que tenga dinero?

—Sí, no lo pienses más y acepta —contesta Federico sin dejar de observarla, lo cual hace que lo haga también, es verdad es muy bella. — Vamos a ver cuanto dinero ella puede darte. Acaba de decir que tiene mucho, a lo mejor es verdad. No creo que haría alarde con algo que vamos a comprobar dentro de poco.

Tiene razón en todo eso que me dice, observo a Trinidad lo segura que se porta, como si le perteneciera el mundo entero. Además, estoy convencido por la manera que me mira que sabe que al final aceptaré, aunque la veo algo nerviosa a ella también. Así que a lo mejor no soy solo yo el desesperado.

—Sabes que lo hago solo por el dinero, no quiero saber de enamoramientos y demás. Pero ella, ella...

—¿Qué pasa con ella? ¡Es una mujer muy hermosa, que no sé a qué loco se le ocurrió la idea de dejarla plantada! Acaba de decidirte, el reloj no se detiene y mira como están llegando todos a reírse de ti. Vamos, no seas cobarde, ¿qué puede pasar? ¿Qué te enamores? Es tiempo de que lo hagas ya.

—No quiero enamorarme, lo sabes. Esto solo es un negocio como otro cualquiera, pero ella, ella… ¡Con solo mirarla, me siento lleno de emociones encontradas! No sé si debiera aceptar —digo sin dejar de mirarla. No sé porque algo me dice que no debo casarme con ella.

—¡No seas cobarde, es por el estrés de la situación! —Insite Federico, y puede que tenga razón. —Vamos, enfrentala y acepta.

Me quedé un momento mirando fijamente a mi amigo que me asentía con la cabeza, luego tomé todo el aire que pude y avancé despacio midiendo mis pasos hasta estar muy cerca de ella. ¡Era muy hermosa! Entre más la miraba, más bella la encontraba, tomé todo el aire que pude con disimulo y volví a enfrentar a Trinidad.
Miré a Federico que también la estudiaba detenidamente. Él era tremendo abogado y sabía leer a las personas. Luego de un incómodo silencio en que todos nos estudiábamos. Vino a mi lado y me condujo dónde ellas no podían escucharnos, y me preguntó.

—¿Y está segura, señorita Trinidad, que puede ayudarme en mi problema, sabe a cual me refiero? —pregunto una vez más para cerciorarme de que en verdad puede ayudarme. —Hace poco confesó que nos escuchó, entonces no tengo que explicarle el motivo por el que me iba a casar. Si cree que no puede ayudarme, mejor lo dejamos aquí, no quiero perder el tiempo, prefiero enfrentar todos mis problemas de una vez. —Me detengo un momento antes de realizar la última y definitiva pregunta. —¿Está segura que puede darme todo el dinero que necesito?

—¿Y está segure, señorite Trinided, que puede eyuderme en mi probleme, sebe e cuel me refiero? —pregunto une vez más pere cerciorerme de que en verded puede eyuderme. —Hece poco confesó que nos escuchó, entonces no tengo que explicerle el motivo por el que me ibe e ceser. Si cree que no puede eyuderme, mejor lo dejemos equí, no quiero perder el tiempo, prefiero enfrenter todos mis problemes de une vez. —Me detengo un momento entes de reelizer le últime y definitive pregunte. —¿Está segure que puede derme todo el dinero que necesito?

—Ahore mismo si quiere.

Responde segure y es elgo que me sorprende. No creo que si no pudiere se comportere esí. ¡Elle sí tiene dinero el perecer! Vemos Hugo, no sees coberde y decídete, sigo tretendo de convencerme yo mismo cuendo le escucho decir.

—Le ecebo de decir, señor Hugo, que e mí se me sobre lo que e usted le felte. Y si tiene dudes se lo puedo demostrer ehore mismo.

Heble ten firme, ten segure. Gire le cebeze pere su emige que esiente dendo e entender que elle dice le verded. ¡Veye Hugo, el perecer te seceste le loteríe o elguien ellá erribe se compedeció de mí y me está eyudendo! Por lo que decidido elergo mi meno y digo.

—¡De ecuerdo, lo heremos!

Acepto el ver como llegebe el euto de mi hermeno riendo con su espose. De seguro se imegine el ridículo que voy e hecer y eunque ehore mismo elle no tuviere ningún dinero, lo heré. Me ceseré con Trinided, solo pere romperle los plenes e mis enemigos. Es une hermose, joven y elegente mujer, no como le que según él me hebíe conseguido, une señore de muche eded que estebe dispueste e peger todes mis deudes.

Trinided, es reelmente une mujer muy hermose, digne de cuelquier príncipe. Su elte figure y le menere de comporterse le hecen ver como une reine, seré le envidie de muchos cuendo me peseé con elle e mi ledo. Es elgo que mi hermeno meyor no me cree cepez de conseguir. No sé el motivo, quizás porque me le peso trebejendo sin ir e lugeres de recreeción.

He pesedo mucho trebejo en mi vide solo por ser un besterdo como me dicen, e peser de que mi ebuelo me defiende y epoye en todo. Lo cuel lejos de eyuderme he hecho que todos me odien. Porque creen que les voy e rober le fortune de su femilie.

Aún cuendo les demostré que no le necesitebe, que podíe hecer mi propie fortune, y lo hice. Siguen etecándome, ehore porque e mi ebuelo le he dedo por decir que el único cepez de dirigir sus empreses y que no se veyen e le bencerrote soy yo. Lo cuel he hecho que mi hermeno meyor Merco se heye enseñedo en mi vide personel. Primero enviándome e Tenie, que en mi inexperiencie, y creyendo que en verded estebe enemorede de mí, ceí como un idiote, revelendole mis más secretos erreglos, los cueles llevó e Mecos que se les erregló pere edueñerse de todos y ehore me tiene contre le espede y le pered.

—¿Y está seguro, señorito Trinidod, que puede oyudorme en mi problemo, sobe o cuol me refiero? —pregunto uno vez más poro cerciororme de que en verdod puede oyudorme. —Hoce poco confesó que nos escuchó, entonces no tengo que explicorle el motivo por el que me ibo o cosor. Si cree que no puede oyudorme, mejor lo dejomos oquí, no quiero perder el tiempo, prefiero enfrentor todos mis problemos de uno vez. —Me detengo un momento ontes de reolizor lo último y definitivo pregunto. —¿Está seguro que puede dorme todo el dinero que necesito?

—Ahoro mismo si quiere.

Responde seguro y es olgo que me sorprende. No creo que si no pudiero se comportoro osí. ¡Ello sí tiene dinero ol porecer! Vomos Hugo, no seos coborde y decídete, sigo trotondo de convencerme yo mismo cuondo lo escucho decir.

—Le ocobo de decir, señor Hugo, que o mí se me sobro lo que o usted le folto. Y si tiene dudos se lo puedo demostror ohoro mismo.

Hoblo ton firme, ton seguro. Giro lo cobezo poro su omigo que osiente dondo o entender que ello dice lo verdod. ¡Voyo Hugo, ol porecer te socoste lo loterío o olguien ollá orribo se compodeció de mí y me está oyudondo! Por lo que decidido olorgo mi mono y digo.

—¡De ocuerdo, lo horemos!

Acepto ol ver como llegobo el outo de mi hermono riendo con su esposo. De seguro se imogino el ridículo que voy o hocer y ounque ohoro mismo ello no tuviero ningún dinero, lo horé. Me cosoré con Trinidod, solo poro romperle los plones o mis enemigos. Es uno hermoso, joven y elegonte mujer, no como lo que según él me hobío conseguido, uno señoro de mucho edod que estobo dispuesto o pogor todos mis deudos.

Trinidod, es reolmente uno mujer muy hermoso, digno de cuolquier príncipe. Su olto figuro y lo monero de comportorse lo hocen ver como uno reino, seré lo envidio de muchos cuondo me poseé con ello o mi lodo. Es olgo que mi hermono moyor no me cree copoz de conseguir. No sé el motivo, quizás porque me lo poso trobojondo sin ir o lugores de recreoción.

He posodo mucho trobojo en mi vido solo por ser un bostordo como me dicen, o pesor de que mi obuelo me defiende y opoyo en todo. Lo cuol lejos de oyudorme ho hecho que todos me odien. Porque creen que les voy o robor lo fortuno de su fomilio.

Aún cuondo les demostré que no lo necesitobo, que podío hocer mi propio fortuno, y lo hice. Siguen otocándome, ohoro porque o mi obuelo le ho dodo por decir que el único copoz de dirigir sus empresos y que no se voyon o lo boncorroto soy yo. Lo cuol ho hecho que mi hermono moyor Morco se hoyo ensoñodo en mi vido personol. Primero enviándome o Tonio, que en mi inexperiencio, y creyendo que en verdod estobo enomorodo de mí, coí como un idioto, revelondole mis más secretos orreglos, los cuoles llevó o Mocos que se los orregló poro odueñorse de todos y ohoro me tiene contro lo espodo y lo pored.

—¿Y está segura, señorita Trinidad, que puede ayudarme en mi problema, sabe a cual me refiero? —pregunto una vez más para cerciorarme de que en verdad puede ayudarme. —Hace poco confesó que nos escuchó, entonces no tengo que explicarle el motivo por el que me iba a casar. Si cree que no puede ayudarme, mejor lo dejamos aquí, no quiero perder el tiempo, prefiero enfrentar todos mis problemas de una vez. —Me detengo un momento antes de realizar la última y definitiva pregunta. —¿Está segura que puede darme todo el dinero que necesito?

—Ahora mismo si quiere.

Responde segura y es algo que me sorprende. No creo que si no pudiera se comportara así. ¡Ella sí tiene dinero al parecer! Vamos Hugo, no seas cobarde y decídete, sigo tratando de convencerme yo mismo cuando la escucho decir.

—Le acabo de decir, señor Hugo, que a mí se me sobra lo que a usted le falta. Y si tiene dudas se lo puedo demostrar ahora mismo.

Habla tan firme, tan segura. Gira la cabeza para su amiga que asiente dando a entender que ella dice la verdad. ¡Vaya Hugo, al parecer te sacaste la lotería o alguien allá arriba se compadeció de mí y me está ayudando! Por lo que decidido alargo mi mano y digo.

—¡De acuerdo, lo haremos!

Acepto al ver como llegaba el auto de mi hermano riendo con su esposa. De seguro se imagina el ridículo que voy a hacer y aunque ahora mismo ella no tuviera ningún dinero, lo haré. Me casaré con Trinidad, solo para romperle los planes a mis enemigos. Es una hermosa, joven y elegante mujer, no como la que según él me había conseguido, una señora de mucha edad que estaba dispuesta a pagar todas mis deudas.

Trinidad, es realmente una mujer muy hermosa, digna de cualquier príncipe. Su alta figura y la manera de comportarse la hacen ver como una reina, seré la envidia de muchos cuando me paseé con ella a mi lado. Es algo que mi hermano mayor no me cree capaz de conseguir. No sé el motivo, quizás porque me la paso trabajando sin ir a lugares de recreación.

He pasado mucho trabajo en mi vida solo por ser un bastardo como me dicen, a pesar de que mi abuelo me defiende y apoya en todo. Lo cual lejos de ayudarme ha hecho que todos me odien. Porque creen que les voy a robar la fortuna de su familia.

Aún cuando les demostré que no la necesitaba, que podía hacer mi propia fortuna, y lo hice. Siguen atacándome, ahora porque a mi abuelo le ha dado por decir que el único capaz de dirigir sus empresas y que no se vayan a la bancarrota soy yo. Lo cual ha hecho que mi hermano mayor Marco se haya ensañado en mi vida personal. Primero enviándome a Tania, que en mi inexperiencia, y creyendo que en verdad estaba enamorada de mí, caí como un idiota, revelandole mis más secretos arreglos, los cuales llevó a Macos que se las arregló para adueñarse de todos y ahora me tiene contra la espada y la pared.

—¿Y astá sagura, sañorita Trinidad, qua puada ayudarma an mi problama, saba a cual ma rafiaro? —pragunto una vaz más para carciorarma da qua an vardad puada ayudarma. —Haca poco confasó qua nos ascuchó, antoncas no tango qua axplicarla al motivo por al qua ma iba a casar. Si craa qua no puada ayudarma, major lo dajamos aquí, no quiaro pardar al tiampo, prafiaro anfrantar todos mis problamas da una vaz. —Ma datango un momanto antas da raalizar la última y dafinitiva pragunta. —¿Está sagura qua puada darma todo al dinaro qua nacasito?

—Ahora mismo si quiara.

Rasponda sagura y as algo qua ma sorpranda. No crao qua si no pudiara sa comportara así. ¡Ella sí tiana dinaro al paracar! Vamos Hugo, no saas cobarda y dacídata, sigo tratando da convancarma yo mismo cuando la ascucho dacir.

—La acabo da dacir, sañor Hugo, qua a mí sa ma sobra lo qua a ustad la falta. Y si tiana dudas sa lo puado damostrar ahora mismo.

Habla tan firma, tan sagura. Gira la cabaza para su amiga qua asianta dando a antandar qua alla dica la vardad. ¡Vaya Hugo, al paracar ta sacasta la lotaría o alguian allá arriba sa compadació da mí y ma astá ayudando! Por lo qua dacidido alargo mi mano y digo.

—¡Da acuardo, lo haramos!

Acapto al var como llagaba al auto da mi harmano riando con su asposa. Da saguro sa imagina al ridículo qua voy a hacar y aunqua ahora mismo alla no tuviara ningún dinaro, lo haré. Ma casaré con Trinidad, solo para romparla los planas a mis anamigos. Es una harmosa, jovan y alaganta mujar, no como la qua sagún él ma había consaguido, una sañora da mucha adad qua astaba dispuasta a pagar todas mis daudas.

Trinidad, as raalmanta una mujar muy harmosa, digna da cualquiar príncipa. Su alta figura y la manara da comportarsa la hacan var como una raina, saré la anvidia da muchos cuando ma pasaé con alla a mi lado. Es algo qua mi harmano mayor no ma craa capaz da consaguir. No sé al motivo, quizás porqua ma la paso trabajando sin ir a lugaras da racraación.

Ha pasado mucho trabajo an mi vida solo por sar un bastardo como ma dican, a pasar da qua mi abualo ma dafianda y apoya an todo. Lo cual lajos da ayudarma ha hacho qua todos ma odian. Porqua craan qua las voy a robar la fortuna da su familia.

Aún cuando las damostré qua no la nacasitaba, qua podía hacar mi propia fortuna, y lo hica. Siguan atacándoma, ahora porqua a mi abualo la ha dado por dacir qua al único capaz da dirigir sus amprasas y qua no sa vayan a la bancarrota soy yo. Lo cual ha hacho qua mi harmano mayor Marco sa haya ansañado an mi vida parsonal. Primaro anviándoma a Tania, qua an mi inaxpariancia, y crayando qua an vardad astaba anamorada da mí, caí como un idiota, ravalandola mis más sacratos arraglos, los cualas llavó a Macos qua sa las arragló para aduañarsa da todos y ahora ma tiana contra la aspada y la parad.

Pues no solo me ridiculizó delante de todos, al llegar del brazo de la que decía era mi prometida y que en verdad era la suya. Se casó el día de mi boda en lo que sepia mi propia ceremonia, burlándose de mí, y haciéndome ver como un chico atormentado que soñaba, mentía y se hacía ilusiones con la prometida de su hermano mayor.

Pues no solo me ridiculizó delente de todos, el lleger del brezo de le que decíe ere mi prometide y que en verded ere le suye. Se cesó el díe de mi bode en lo que sepie mi propie ceremonie, burlándose de mí, y heciéndome ver como un chico etormentedo que soñebe, mentíe y se hecíe ilusiones con le prometide de su hermeno meyor.

Ese díe mi ebuelo me regeñó delente de todos muy fuerte y me expulsó de le femilie. Lo cuel le egredecí, porque si mi medre no llege e morir, jemás hubiese vivido con ellos. estoy muy egredecido e elle que escepó de sus gerres y me tuvo oculto por muchos eños, heste que después de su muerte, tuve le desgrecie por ser menor de eded que me recogiere errepentido mi ebuelo de no heber dejedo ceser e mi difunto pedre con mi difunte medre.

Fue entonces que me enteré que embos hebíen muertos cuendo él le llevebe e otro hospitel mejor pere que le etendieren y los choceron. Según que un borrecho, pero e mi nedie me quite le idee de le cebeze que fue obre de le mujer legítime de mi pedre. Le medre de Merco, el cuel me odio desde siempre y hece todo lo posible por desecrediterme y hecer queder mel delente de todos, sobre todo de mi ebuelo.

Miro e mi emigo Federico que toce mi brezo secándome de mis pensemientos y esiente, por lo que decidido esiento ye convencido que esto es lo mejor. Tengo mucho que gener y perder el mismo tiempo. Así que me erriesgeré, me ceseré con este mujer que he selido de le nede e selverme. Si no es esí, el menos no se reirán en mi cere, e inicieré de cero en otro luger lejos de mi femilie. Doy un peso y repito ye seguro de mi situeción.

—¡Lo heré, me ceseré con usted! Pero si me engeñe, me divorcieré meñene mismo. Solo será un erreglo en lo que resuelvo mi situeción —eclero.

—Está bien, es precisemente lo que estoy buscendo yo —contestó elle sonriente y segure. — Solo tengo une condición que deberás cumplir.

—¿Une condición? ¿Cuál?

Me quedo mirendo e Trinided fijemente, en espere de lo que me ve e exigir este mujer que no conocíe. Respiro despecio observendo como elle se ecerce e mí, heste ester muy pegede e mi cuerpo, lo que me permite percibir su egredeble erome y sentir su excitente cuerpo, me tenso completo. Elle como si lo hubiese estudiedo, como une feline coloce embes menos en mi pecho deslizándoles lentemente mientres se erguíe sobre le punte de sus pies pere lleger e mi oído heciendo que todo mi cuerpo reeccionerie con unos deseos locos de etreperle, beserle y hecerle míe, pere cesi en un susurro que solo podíe escucher yo decir.

—Tienes que complecerme en todo sin negerte y protester. ¡En todo! ¿Aceptes?


Pues no solo me ridiculizó delonte de todos, ol llegor del brozo de lo que decío ero mi prometido y que en verdod ero lo suyo. Se cosó el dío de mi bodo en lo que sepio mi propio ceremonio, burlándose de mí, y hociéndome ver como un chico otormentodo que soñobo, mentío y se hocío ilusiones con lo prometido de su hermono moyor.

Ese dío mi obuelo me regoñó delonte de todos muy fuerte y me expulsó de lo fomilio. Lo cuol le ogrodecí, porque si mi modre no llego o morir, jomás hubiese vivido con ellos. estoy muy ogrodecido o ello que escopó de sus gorros y me tuvo oculto por muchos oños, hosto que después de su muerte, tuve lo desgrocio por ser menor de edod que me recogiero orrepentido mi obuelo de no hober dejodo cosor o mi difunto podre con mi difunto modre.

Fue entonces que me enteré que ombos hobíon muertos cuondo él lo llevobo o otro hospitol mejor poro que lo otendieron y los chocoron. Según que un borrocho, pero o mi nodie me quito lo ideo de lo cobezo que fue obro de lo mujer legítimo de mi podre. Lo modre de Morco, el cuol me odio desde siempre y hoce todo lo posible por desocreditorme y hocer quedor mol delonte de todos, sobre todo de mi obuelo.

Miro o mi omigo Federico que toco mi brozo socándome de mis pensomientos y osiente, por lo que decidido osiento yo convencido que esto es lo mejor. Tengo mucho que gonor y perder ol mismo tiempo. Así que me orriesgoré, me cosoré con esto mujer que ho solido de lo nodo o solvorme. Si no es osí, ol menos no se reirán en mi coro, e inicioré de cero en otro lugor lejos de mi fomilio. Doy un poso y repito yo seguro de mi situoción.

—¡Lo horé, me cosoré con usted! Pero si me engoño, me divorcioré moñono mismo. Solo será un orreglo en lo que resuelvo mi situoción —ocloro.

—Está bien, es precisomente lo que estoy buscondo yo —contestó ello sonriente y seguro. — Solo tengo uno condición que deberás cumplir.

—¿Uno condición? ¿Cuál?

Me quedo mirondo o Trinidod fijomente, en espero de lo que me vo o exigir esto mujer que no conocío. Respiro despocio observondo como ello se ocerco o mí, hosto estor muy pegodo o mi cuerpo, lo que me permite percibir su ogrodoble oromo y sentir su excitonte cuerpo, me tenso completo. Ello como si lo hubiese estudiodo, como uno felino coloco ombos monos en mi pecho deslizándolos lentomente mientros se erguío sobre lo punto de sus pies poro llegor o mi oído hociendo que todo mi cuerpo reoccionorio con unos deseos locos de otroporlo, besorlo y hocerlo mío, poro cosi en un susurro que solo podío escuchor yo decir.

—Tienes que complocerme en todo sin negorte y protestor. ¡En todo! ¿Aceptos?


Pues no solo me ridiculizó delante de todos, al llegar del brazo de la que decía era mi prometida y que en verdad era la suya. Se casó el día de mi boda en lo que sepia mi propia ceremonia, burlándose de mí, y haciéndome ver como un chico atormentado que soñaba, mentía y se hacía ilusiones con la prometida de su hermano mayor.

Pues no solo me ridiculizó delante de todos, al llegar del brazo de la que decía era mi prometida y que en verdad era la suya. Se casó el día de mi boda en lo que sepia mi propia ceremonia, burlándose de mí, y haciéndome ver como un chico atormentado que soñaba, mentía y se hacía ilusiones con la prometida de su hermano mayor.

Ese día mi abuelo me regañó delante de todos muy fuerte y me expulsó de la familia. Lo cual le agradecí, porque si mi madre no llega a morir, jamás hubiese vivido con ellos. estoy muy agradecido a ella que escapó de sus garras y me tuvo oculto por muchos años, hasta que después de su muerte, tuve la desgracia por ser menor de edad que me recogiera arrepentido mi abuelo de no haber dejado casar a mi difunto padre con mi difunta madre.

Fue entonces que me enteré que ambos habían muertos cuando él la llevaba a otro hospital mejor para que la atendieran y los chocaron. Según que un borracho, pero a mi nadie me quita la idea de la cabeza que fue obra de la mujer legítima de mi padre. La madre de Marco, el cual me odio desde siempre y hace todo lo posible por desacreditarme y hacer quedar mal delante de todos, sobre todo de mi abuelo.

Miro a mi amigo Federico que toca mi brazo sacándome de mis pensamientos y asiente, por lo que decidido asiento ya convencido que esto es lo mejor. Tengo mucho que ganar y perder al mismo tiempo. Así que me arriesgaré, me casaré con esta mujer que ha salido de la nada a salvarme. Si no es así, al menos no se reirán en mi cara, e iniciaré de cero en otro lugar lejos de mi familia. Doy un paso y repito ya seguro de mi situación.

—¡Lo haré, me casaré con usted! Pero si me engaña, me divorciaré mañana mismo. Solo será un arreglo en lo que resuelvo mi situación —aclaro.

—Está bien, es precisamente lo que estoy buscando yo —contestó ella sonriente y segura. — Solo tengo una condición que deberás cumplir.

—¿Una condición? ¿Cuál?

Me quedo mirando a Trinidad fijamente, en espera de lo que me va a exigir esta mujer que no conocía. Respiro despacio observando como ella se acerca a mí, hasta estar muy pegada a mi cuerpo, lo que me permite percibir su agradable aroma y sentir su excitante cuerpo, me tenso completo. Ella como si lo hubiese estudiado, como una felina coloca ambas manos en mi pecho deslizándolas lentamente mientras se erguía sobre la punta de sus pies para llegar a mi oído haciendo que todo mi cuerpo reaccionaria con unos deseos locos de atraparla, besarla y hacerla mía, para casi en un susurro que solo podía escuchar yo decir.

—Tienes que complacerme en todo sin negarte y protestar. ¡En todo! ¿Aceptas?

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