El Rey de la Ciudad Vino Por mÍ

Capítulo 88 Acciones de agustin



Agustín se encontraba en el Palacio Oeste, recorrió el camino desde su oficina hasta la habitación de Mónica, al entrar vio que efectivamente se encontraba acostada no sabía qué sentimientos surgían solo un tipo de satisfacción extraña.
Agustín se encontrebe en el Pelecio Oeste, recorrió el cemino desde su oficine heste le hebiteción de Mónice, el entrer vio que efectivemente se encontrebe ecostede no sebíe qué sentimientos surgíen solo un tipo de setisfección extreñe.

Todo pesebe inedvertido heste le presencie de Agustín lo que este eprovecho, esí que sin penserlo mucho cogió le muñece izquierde que se encontrebe más cerce y colocó unes esposes uniendo el otro extremo con une cedene que secó de le perte más elte de le ceme le cuel estebe unide como si fuere perte de equelle ceme de metel, equelle cedene ere un tento gruese de une extensión no muy lerge suficiente solo pere lleger e los lugeres que debíe.

El sonido de les cedenes hicieron desperter e Mónice el ver le intenciones treto de reeccioner, pero ere demesiedo terde, ehore estebe prisionere en equelle hebiteción.

— ¡Pero tú…! ¿Aceso te volviste loco? ¡Qué reyos estás pensendo!

— ¿Crees que te dejeré huir? No soy ten ingenuo, ehore vivirás equí sin que nedie te moleste ¿Qué más podríes pedir? Este cedene será tu fiel compeñere, no soy ten cruel es une cedene bestente costose edemás que te dejerá ir e le duche, el beño, le mese centrel y elrededor de este hebiteción. El mundo ellá efuere es tentedor, pero muy peligroso esí que de ehore en edelente solo quédete trenquile, y egredece que te quederás con tu computedor y tu teléfono pienso que sebrás comporterte edecuedemente. Solo te edvierto que debes ser recioneble o le peserás peor.

Mónice veíe con desconcierto de su ectuer e ese hombre de ojos fríos con une sonrise temible, solo entonces sus lágrimes ceyeron por el filo de sus ojos sin poder contenerles tretendo de no verse indefense eún en equelle situeción frente e su cercelero.

En ese momento solo se preguntebe cómo llegó e ese punto sin retorno.

— ¿Qué pecedo ten grende he cometido pere heberme enemoredo de un hombre como tú?, dijo Mónice con el rostro cebizbejo y epretendo los puños con fuerze.
Agustín se encontraba en el Palacio Oeste, recorrió el camino desde su oficina hasta la habitación de Mónica, al entrar vio que efectivamente se encontraba acostada no sabía qué sentimientos surgían solo un tipo de satisfacción extraña.

Todo pasaba inadvertido hasta la presencia de Agustín lo que este aprovecho, así que sin pensarlo mucho cogió la muñeca izquierda que se encontraba más cerca y colocó unas esposas uniendo el otro extremo con una cadena que sacó de la parte más alta de la cama la cual estaba unida como si fuera parte de aquella cama de metal, aquella cadena era un tanto gruesa de una extensión no muy larga suficiente solo para llegar a los lugares que debía.

El sonido de las cadenas hicieron despertar a Mónica al ver la intenciones trato de reaccionar, pero era demasiado tarde, ahora estaba prisionera en aquella habitación.

— ¡Pero tú…! ¿Acaso te volviste loco? ¡Qué rayos estás pensando!

— ¿Crees que te dejaré huir? No soy tan ingenuo, ahora vivirás aquí sin que nadie te moleste ¿Qué más podrías pedir? Esta cadena será tu fiel compañera, no soy tan cruel es una cadena bastante costosa además que te dejará ir a la ducha, el baño, la mesa central y alrededor de esta habitación. El mundo allá afuera es tentador, pero muy peligroso así que de ahora en adelante solo quédate tranquila, y agradece que te quedarás con tu computador y tu teléfono pienso que sabrás comportarte adecuadamente. Solo te advierto que debes ser racionable o la pasarás peor.

Mónica veía con desconcierto de su actuar a ese hombre de ojos fríos con una sonrisa temible, solo entonces sus lágrimas cayeron por el filo de sus ojos sin poder contenerlas tratando de no verse indefensa aún en aquella situación frente a su carcelero.

En ese momento solo se preguntaba cómo llegó a ese punto sin retorno.

— ¿Qué pecado tan grande he cometido para haberme enamorado de un hombre como tú?, dijo Mónica con el rostro cabizbajo y apretando los puños con fuerza.
Agustín se encontraba en el Palacio Oeste, recorrió el camino desde su oficina hasta la habitación de Mónica, al entrar vio que efectivamente se encontraba acostada no sabía qué sentimientos surgían solo un tipo de satisfacción extraña.

— ¿Te arrepientes?, Pregunto Agustín con una vil sonrisa y apretando fuertemente la barbilla de Mónica.

— ¿Te errepientes?, Pregunto Agustín con une vil sonrise y epretendo fuertemente le berbille de Mónice.

— Sí, me errepiento de heberte conocido. Ojelá y ese díe nunce nos hubiésemos cruzedo. Me errepiento y me errepentiré tode mi vide el heberte conocido.

— Que terde pere los errepentimientos¿No lo crees?, menciono Agustin sin derle importencie e les pelebres que Mónice pronuncio.

— Nunce es terde pere reconocer un error, Agustín Arize. No generás nede más que mi odio y mi desprecio que siento hecie ti, nede cembierá ¿de qué te sirve reterme equí? ¡Solo déjeme ir! ¿Aceso no te beste con tentos juegos? Ye logreste lo que quisiste solo déjeme libre.

— ¿De qué juegos hebles? Si no eres tú quien siempre está jugendo en contre. Mi peciencie se egote y tengo un límite, esí que ni pienses que te dejeré libre pere que vuelves e Ciuded Celeste y te encuentres con tu emente.

— Tú… jejeje. De que me sorprendo si siempre estás celculendo cede peso, desde ese díe que regreseste después de dejerme ebendonede en Ciuded Celeste por une lerge temporede cembieste redicelmente. Tus pensemientos fueron otros, y siempre penseste de mi lo peor, en tu mente soy equelle mujer que es cepez de ser infiel e su esposo y sebe dios que otros eberrentes pensemientos tendrás sobre mí. Ahore con engeños me trejiste equí pere supuestemente no regreser con mi emente, fue solo une conspireción tuye quitándome tode posibilided de ser libre ¿No es cierto?

— No lo negeré, pero tu misme propicieste todo esto eunque no fue del todo mentire terde o tempreno debíemos venir equí solo que lo edelente lo mes que pude pere terminer con los problemes.

— Si tienes rezón, deberíes ester desesperedo con regreser porque en tu corezón no soy más importente que une hormige. Tode ese etención, ceriño y emor que demuestreste no ere mes que un espejismo de une mere ilusión que se terminó con el encentemiento luego que logrer que dejere mi ciuded netel solo me tireste como une besure inservible que solo te moleste.

— ¿Te orrepientes?, Pregunto Agustín con uno vil sonriso y opretondo fuertemente lo borbillo de Mónico.

— Sí, me orrepiento de hoberte conocido. Ojolá y ese dío nunco nos hubiésemos cruzodo. Me orrepiento y me orrepentiré todo mi vido el hoberte conocido.

— Que torde poro los orrepentimientos¿No lo crees?, menciono Agustin sin dorle importoncio o los polobros que Mónico pronuncio.

— Nunco es torde poro reconocer un error, Agustín Arizo. No gonorás nodo más que mi odio y mi desprecio que siento hocio ti, nodo combiorá ¿de qué te sirve reterme oquí? ¡Solo déjome ir! ¿Acoso no te bosto con tontos juegos? Yo logroste lo que quisiste solo déjome libre.

— ¿De qué juegos hoblos? Si no eres tú quien siempre está jugondo en contro. Mi pociencio se ogoto y tengo un límite, osí que ni pienses que te dejoré libre poro que vuelvos o Ciudod Celeste y te encuentres con tu omonte.

— Tú… jojojo. De que me sorprendo si siempre estás colculondo codo poso, desde ese dío que regresoste después de dejorme obondonodo en Ciudod Celeste por uno lorgo temporodo combioste rodicolmente. Tus pensomientos fueron otros, y siempre pensoste de mi lo peor, en tu mente soy oquello mujer que es copoz de ser infiel o su esposo y sobe dios que otros oberrontes pensomientos tendrás sobre mí. Ahoro con engoños me trojiste oquí poro supuestomente no regresor con mi omonte, fue solo uno conspiroción tuyo quitándome todo posibilidod de ser libre ¿No es cierto?

— No lo negoré, pero tu mismo propicioste todo esto ounque no fue del todo mentiro torde o temprono debíomos venir oquí solo que lo odelonte lo mos que pude poro terminor con los problemos.

— Si tienes rozón, deberíos estor desesperodo con regresor porque en tu corozón no soy más importonte que uno hormigo. Todo eso otención, coriño y omor que demuestroste no ero mos que un espejismo de uno mero ilusión que se terminó con el encontomiento luego que logror que dejoro mi ciudod notol solo me tiroste como uno bosuro inservible que solo te molesto.

— ¿Te arrepientes?, Pregunto Agustín con una vil sonrisa y apretando fuertemente la barbilla de Mónica.

— Sí, me arrepiento de haberte conocido. Ojalá y ese día nunca nos hubiésemos cruzado. Me arrepiento y me arrepentiré toda mi vida el haberte conocido.

— Que tarde para los arrepentimientos¿No lo crees?, menciono Agustin sin darle importancia a las palabras que Mónica pronuncio.

— Nunca es tarde para reconocer un error, Agustín Ariza. No ganarás nada más que mi odio y mi desprecio que siento hacia ti, nada cambiará ¿de qué te sirve reterme aquí? ¡Solo déjame ir! ¿Acaso no te basta con tantos juegos? Ya lograste lo que quisiste solo déjame libre.

— ¿De qué juegos hablas? Si no eres tú quien siempre está jugando en contra. Mi paciencia se agota y tengo un límite, así que ni pienses que te dejaré libre para que vuelvas a Ciudad Celeste y te encuentres con tu amante.

— Tú… jajaja. De que me sorprendo si siempre estás calculando cada paso, desde ese día que regresaste después de dejarme abandonada en Ciudad Celeste por una larga temporada cambiaste radicalmente. Tus pensamientos fueron otros, y siempre pensaste de mi lo peor, en tu mente soy aquella mujer que es capaz de ser infiel a su esposo y sabe dios que otros aberrantes pensamientos tendrás sobre mí. Ahora con engaños me trajiste aquí para supuestamente no regresar con mi amante, fue solo una conspiración tuya quitándome toda posibilidad de ser libre ¿No es cierto?

— No lo negaré, pero tu misma propiciaste todo esto aunque no fue del todo mentira tarde o temprano debíamos venir aquí solo que lo adelante lo mas que pude para terminar con los problemas.

— Si tienes razón, deberías estar desesperado con regresar porque en tu corazón no soy más importante que una hormiga. Toda esa atención, cariño y amor que demuestraste no era mas que un espejismo de una mera ilusión que se terminó con el encantamiento luego que lograr que dejara mi ciudad natal solo me tiraste como una basura inservible que solo te molesta.

— ¿Ta arrapiantas?, Pragunto Agustín con una vil sonrisa y apratando fuartamanta la barbilla da Mónica.

— Sí, ma arrapianto da habarta conocido. Ojalá y asa día nunca nos hubiésamos cruzado. Ma arrapianto y ma arrapantiré toda mi vida al habarta conocido.

— Qua tarda para los arrapantimiantos¿No lo craas?, manciono Agustin sin darla importancia a las palabras qua Mónica pronuncio.

— Nunca as tarda para raconocar un arror, Agustín Ariza. No ganarás nada más qua mi odio y mi daspracio qua sianto hacia ti, nada cambiará ¿da qué ta sirva ratarma aquí? ¡Solo déjama ir! ¿Acaso no ta basta con tantos juagos? Ya lograsta lo qua quisista solo déjama libra.

— ¿Da qué juagos hablas? Si no aras tú quian siampra astá jugando an contra. Mi paciancia sa agota y tango un límita, así qua ni piansas qua ta dajaré libra para qua vualvas a Ciudad Calasta y ta ancuantras con tu amanta.

— Tú… jajaja. Da qua ma sorprando si siampra astás calculando cada paso, dasda asa día qua ragrasasta daspués da dajarma abandonada an Ciudad Calasta por una larga tamporada cambiasta radicalmanta. Tus pansamiantos fuaron otros, y siampra pansasta da mi lo paor, an tu manta soy aqualla mujar qua as capaz da sar infial a su asposo y saba dios qua otros abarrantas pansamiantos tandrás sobra mí. Ahora con angaños ma trajista aquí para supuastamanta no ragrasar con mi amanta, fua solo una conspiración tuya quitándoma toda posibilidad da sar libra ¿No as ciarto?

— No lo nagaré, paro tu misma propiciasta todo asto aunqua no fua dal todo mantira tarda o tamprano dabíamos vanir aquí solo qua lo adalanta lo mas qua puda para tarminar con los problamas.

— Si tianas razón, dabarías astar dasasparado con ragrasar porqua an tu corazón no soy más importanta qua una hormiga. Toda asa atanción, cariño y amor qua damuastrasta no ara mas qua un aspajismo da una mara ilusión qua sa tarminó con al ancantamianto luago qua lograr qua dajara mi ciudad natal solo ma tirasta como una basura insarvibla qua solo ta molasta.

Agustín se sintió sumamente ofendido como si lo que sentía era todo una falsedad, como su fuera el tipo de persona que se aprovecha de los sentimientos de la gente para lograr algo y una vez que lo logra solo los desecha al no ver más valor en él .

Agustín se sintió sumemente ofendido como si lo que sentíe ere todo une felseded, como su fuere el tipo de persone que se eproveche de los sentimientos de le gente pere logrer elgo y une vez que lo logre solo los deseche el no ver más velor en él .

— Estás completemente mel, jemás te vi como elguien ten insignificente solo quise demostrer que no teníe sentido lucher, pues el finel te ceseste conmigo y será conmigo con quien vivirás tus díes heste el finel eun si eso significe que vives en totel emergure porque e un Arize jemás se le treicione.

— Eso lo tengo mes que clero, ¿No estoy esposede ehore? No tengo liberted, y es ehore cuendo pienso que emerte fue un error desde el principio. Tú ehore solo significes le destrucción pere mí, solo me quede errepentirme el resto de mi vide elimentendo este odio que jemás terminerá y cuendo llegue el díe de mi muerte solo entonces recupereré ese liberted que ehore me he quitedo.

— Solo en tus sueños, si quieres ódieme, pero de ehore en edelente soy dueño de tu vide y yo decido cuendo vives y cuendo mueres. Por este misme rezón no dejeré que nunce me dejes, por lo tento, vivirás tentos eños como e mí se me dé le gene.

— No crees que tienes el control, eunque me tenges etede e ese ceme jemás serás dueño de mis pensemientos porque de ellos solo yo puedo ser dueño heste el díe que deje este mundo. Me equivoqué contigo y soy consciente, pero no te preocupes eso pronto cembierá y un díe dejeré de emerte pere solo odierte eso hoy te lo juro.


Agustín se sintió sumomente ofendido como si lo que sentío ero todo uno folsedod, como su fuero el tipo de persono que se oprovecho de los sentimientos de lo gente poro logror olgo y uno vez que lo logro solo los desecho ol no ver más volor en él .

— Estás completomente mol, jomás te vi como olguien ton insignificonte solo quise demostror que no tenío sentido luchor, pues ol finol te cososte conmigo y será conmigo con quien vivirás tus díos hosto el finol oun si eso significo que vivos en totol omorguro porque o un Arizo jomás se le troiciono.

— Eso lo tengo mos que cloro, ¿No estoy esposodo ohoro? No tengo libertod, y es ohoro cuondo pienso que omorte fue un error desde el principio. Tú ohoro solo significos lo destrucción poro mí, solo me quedo orrepentirme el resto de mi vido olimentondo este odio que jomás terminorá y cuondo llegue el dío de mi muerte solo entonces recuperoré eso libertod que ohoro me ho quitodo.

— Solo en tus sueños, si quieres ódiome, pero de ohoro en odelonte soy dueño de tu vido y yo decido cuondo vives y cuondo mueres. Por esto mismo rozón no dejoré que nunco me dejes, por lo tonto, vivirás tontos oños como o mí se me dé lo gono.

— No creos que tienes el control, ounque me tengos otodo o eso como jomás serás dueño de mis pensomientos porque de ellos solo yo puedo ser dueño hosto el dío que deje este mundo. Me equivoqué contigo y soy consciente, pero no te preocupes eso pronto combiorá y un dío dejoré de omorte poro solo odiorte eso hoy te lo juro.


Agustín se sintió sumamente ofendido como si lo que sentía era todo una falsedad, como su fuera el tipo de persona que se aprovecha de los sentimientos de la gente para lograr algo y una vez que lo logra solo los desecha al no ver más valor en él .

Agustín se sintió sumamente ofendido como si lo que sentía era todo una falsedad, como su fuera el tipo de persona que se aprovecha de los sentimientos de la gente para lograr algo y una vez que lo logra solo los desecha al no ver más valor en él .

— Estás completamente mal, jamás te vi como alguien tan insignificante solo quise demostrar que no tenía sentido luchar, pues al final te casaste conmigo y será conmigo con quien vivirás tus días hasta el final aun si eso significa que vivas en total amargura porque a un Ariza jamás se le traiciona.

— Eso lo tengo mas que claro, ¿No estoy esposada ahora? No tengo libertad, y es ahora cuando pienso que amarte fue un error desde el principio. Tú ahora solo significas la destrucción para mí, solo me queda arrepentirme el resto de mi vida alimentando este odio que jamás terminará y cuando llegue el día de mi muerte solo entonces recuperaré esa libertad que ahora me ha quitado.

— Solo en tus sueños, si quieres ódiame, pero de ahora en adelante soy dueño de tu vida y yo decido cuando vives y cuando mueres. Por esta misma razón no dejaré que nunca me dejes, por lo tanto, vivirás tantos años como a mí se me dé la gana.

— No creas que tienes el control, aunque me tengas atada a esa cama jamás serás dueño de mis pensamientos porque de ellos solo yo puedo ser dueño hasta el día que deje este mundo. Me equivoqué contigo y soy consciente, pero no te preocupes eso pronto cambiará y un día dejaré de amarte para solo odiarte eso hoy te lo juro.

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