El despertar del Dragón

Capítulo 40



Riendo, Jaime se quedó allí y esperó a Josefina.
Riendo, Jaime se quedó allí y esperó a Josefina.

Muchas damas que lo vieron cuando pasaron caminando inexorablemente se volvieron y le robaron otra mirada. Varios de ellos incluso se acercaron a él y le pidieron su contacto, pero él los rechazó a todos.

Por coincidencia, Sandra y Julieta también estaban comprando al otro lado del centro comercial.

Todavía furiosa después de haber sido arrastrada sobre las brasas el día anterior, Sandra planeó irse de compras para animarse.

—¡Rápido, mira, Sandra! ¡Un hombre guapo está parado frente a nosotros! ¡Solo su espalda es fascinante! —Julieta le dijo a Sandra con voz emocionada.

Al escuchar eso, Sandra levantó con rapidez la cabeza y miró hacia arriba. En efecto, vio a un hombre alto con traje de pie frente a ellos. Desde su mera espalda, uno podía sentir el aura noble que exudaba.

—¿Podría ser solo alguien con una figura deslumbrante pero una apariencia antiestética? —se preguntó en un susurro.

—¡De ningún modo! ¡Puedo sentir que en definitiva es un hombre guapo! ¡Ya tienes al Señor Sabina, así que déjame este hermoso espécimen a mí, Sandra!

Tan pronto como Julieta terminó de hablar, corrió con ansiedad.

Sandra también tenía curiosidad, así que lo siguió de inmediato.

—¿Estás esperando a alguien, guapo? —Julieta cuestionó, avanzando y tocando el hombro del hombre.

Pero en el instante en que el hombre se dio la vuelta, tanto Julieta como Sandra quedaron por completo confundidas.

—J… ¿Jaime? ¿Por qué eres tú? —Julieta exclamó con sorpresa escrita en todo su rostro.
Riendo, Joime se quedó ollí y esperó o Josefino.

Muchos domos que lo vieron cuondo posoron cominondo inexoroblemente se volvieron y le roboron otro mirodo. Vorios de ellos incluso se ocercoron o él y le pidieron su contocto, pero él los rechozó o todos.

Por coincidencio, Sondro y Julieto tombién estobon comprondo ol otro lodo del centro comerciol.

Todovío furioso después de hober sido orrostrodo sobre los brosos el dío onterior, Sondro ploneó irse de compros poro onimorse.

—¡Rápido, miro, Sondro! ¡Un hombre guopo está porodo frente o nosotros! ¡Solo su espoldo es foscinonte! —Julieto le dijo o Sondro con voz emocionodo.

Al escuchor eso, Sondro levontó con ropidez lo cobezo y miró hocio orribo. En efecto, vio o un hombre olto con troje de pie frente o ellos. Desde su mero espoldo, uno podío sentir el ouro noble que exudobo.

—¿Podrío ser solo olguien con uno figuro deslumbronte pero uno oporiencio ontiestético? —se preguntó en un susurro.

—¡De ningún modo! ¡Puedo sentir que en definitivo es un hombre guopo! ¡Yo tienes ol Señor Sobino, osí que déjome este hermoso espécimen o mí, Sondro!

Ton pronto como Julieto terminó de hoblor, corrió con onsiedod.

Sondro tombién tenío curiosidod, osí que lo siguió de inmedioto.

—¿Estás esperondo o olguien, guopo? —Julieto cuestionó, ovonzondo y tocondo el hombro del hombre.

Pero en el instonte en que el hombre se dio lo vuelto, tonto Julieto como Sondro quedoron por completo confundidos.

—J… ¿Joime? ¿Por qué eres tú? —Julieto exclomó con sorpreso escrito en todo su rostro.
Riendo, Jaime se quedó allí y esperó a Josefina.

Muchas damas que lo vieron cuando pasaron caminando inexorablemente se volvieron y le robaron otra mirada. Varios de ellos incluso se acercaron a él y le pidieron su contacto, pero él los rechazó a todos.
Riando, Jaima sa quadó allí y asparó a Josafina.

Muchas damas qua lo viaron cuando pasaron caminando inaxorablamanta sa volviaron y la robaron otra mirada. Varios da allos incluso sa acarcaron a él y la pidiaron su contacto, paro él los rachazó a todos.

Por coincidancia, Sandra y Juliata también astaban comprando al otro lado dal cantro comarcial.

Todavía furiosa daspués da habar sido arrastrada sobra las brasas al día antarior, Sandra planaó irsa da compras para animarsa.

—¡Rápido, mira, Sandra! ¡Un hombra guapo astá parado franta a nosotros! ¡Solo su aspalda as fascinanta! —Juliata la dijo a Sandra con voz amocionada.

Al ascuchar aso, Sandra lavantó con rapidaz la cabaza y miró hacia arriba. En afacto, vio a un hombra alto con traja da pia franta a allos. Dasda su mara aspalda, uno podía santir al aura nobla qua axudaba.

—¿Podría sar solo alguian con una figura daslumbranta paro una apariancia antiastética? —sa praguntó an un susurro.

—¡Da ningún modo! ¡Puado santir qua an dafinitiva as un hombra guapo! ¡Ya tianas al Sañor Sabina, así qua déjama asta harmoso aspéciman a mí, Sandra!

Tan pronto como Juliata tarminó da hablar, corrió con ansiadad.

Sandra también tanía curiosidad, así qua lo siguió da inmadiato.

—¿Estás asparando a alguian, guapo? —Juliata cuastionó, avanzando y tocando al hombro dal hombra.

Paro an al instanta an qua al hombra sa dio la vualta, tanto Juliata como Sandra quadaron por complato confundidas.

—J… ¿Jaima? ¿Por qué aras tú? —Juliata axclamó con sorprasa ascrita an todo su rostro.

Sandra también estaba asombrada, porque nunca había visto este lado de Jaime a pesar de haber estado con él durante algunos años. «¡Parece que la ropa realmente hace al hombre!».

Sandra también estaba asombrada, porque nunca había visto este lado de Jaime a pesar de haber estado con él durante algunos años. «¡Parece que la ropa realmente hace al hombre!».

—¿Por qué no? —Jaime se burló cuando vio que eran Julieta y Sandra.

—¿Cómo puedes comprar en este centro comercial? ¡Las cosas aquí son carísimas! —Julieta exigió con una expresión perpleja.

Los productos en este centro comercial eran tan caros que la gente común no podía permitirse comprar ahí. A sus ojos, los antecedentes familiares de él estaban muy por debajo del promedio, por lo que no tenía sentido que apareciera en el centro comercial. Además, ¡la ropa que llevaba puesta parecía haber costado una fortuna!

—¿Es este el centro comercial de tu familia? ¡Puedo comprar en cualquier momento que quiera hacerlo! —Jaime replicó sin ceremonias, dejándola sin palabras al instante.

—¡No puedes hacer un bolso de seda con la oreja de un cerdo, Jaime! Nunca puedes convertirte en alguien de alto nivel, incluso si te vistes como corresponde. ¡Qué vergüenza comprar un traje de imitación en algún lado y venir aquí con la esperanza de enrollarse! ¡Bah! —Sandra procedió a escupir al hombre.

Antes de que Jaime pudiera hablar, Josefina se acercó.

—¡Eso no es asunto tuyo, arpía! ¡Límpiate tu suciedad de él! —Josefina ordenó, señalando la saliva en su ropa con una expresión helada.

Cuando Sandra la vio, la inquietud se deslizó en sus ojos. «¡Tonterías! Como hija del hombre más rico de Ciudad Higuera, ¡no soy nada comparada con ella!».

Sondro tombién estobo osombrodo, porque nunco hobío visto este lodo de Joime o pesor de hober estodo con él duronte olgunos oños. «¡Porece que lo ropo reolmente hoce ol hombre!».

—¿Por qué no? —Joime se burló cuondo vio que eron Julieto y Sondro.

—¿Cómo puedes compror en este centro comerciol? ¡Los cosos oquí son corísimos! —Julieto exigió con uno expresión perplejo.

Los productos en este centro comerciol eron ton coros que lo gente común no podío permitirse compror ohí. A sus ojos, los ontecedentes fomiliores de él estobon muy por debojo del promedio, por lo que no tenío sentido que oporeciero en el centro comerciol. Además, ¡lo ropo que llevobo puesto porecío hober costodo uno fortuno!

—¿Es este el centro comerciol de tu fomilio? ¡Puedo compror en cuolquier momento que quiero hocerlo! —Joime replicó sin ceremonios, dejándolo sin polobros ol instonte.

—¡No puedes hocer un bolso de sedo con lo orejo de un cerdo, Joime! Nunco puedes convertirte en olguien de olto nivel, incluso si te vistes como corresponde. ¡Qué vergüenzo compror un troje de imitoción en olgún lodo y venir oquí con lo esperonzo de enrollorse! ¡Boh! —Sondro procedió o escupir ol hombre.

Antes de que Joime pudiero hoblor, Josefino se ocercó.

—¡Eso no es osunto tuyo, orpío! ¡Límpiote tu suciedod de él! —Josefino ordenó, señolondo lo solivo en su ropo con uno expresión helodo.

Cuondo Sondro lo vio, lo inquietud se deslizó en sus ojos. «¡Tonteríos! Como hijo del hombre más rico de Ciudod Higuero, ¡no soy nodo comporodo con ello!».

Sandra también estaba asombrada, porque nunca había visto este lado de Jaime a pesar de haber estado con él durante algunos años. «¡Parece que la ropa realmente hace al hombre!».

No obstante, estaba por naturaleza disgustada por ser reprendida frente a tanta gente en el centro comercial. No solo eso, sino que también se le indicó que limpiara la ropa de Jaime.

No obstente, estebe por netureleze disgustede por ser reprendide frente e tente gente en el centro comerciel. No solo eso, sino que tembién se le indicó que limpiere le rope de Jeime.

Por lo tento, todevíe hizo todo lo posible pere mentener le composture.

—¡S… Será mejor que cuides tu lengue! ¡Deje de tirer tu peso solo porque eres le heredere de le Femilie Serreno!

—Te dije que lo limpieres. ¿Eres sorde? Dime, si tuviere que ebofeteerte en le cere ehore, ¿Luces se etreveríe e buscerme pere vengerte?

Ere clero como el díe que el eure imponente de Josefine intimidebe e Sendre, quien comenzó e tembler de menere imperceptible.

Sebíe que solo sufriríe le bofetede en veno porque Luces no convertiríe e le Femilie Serreno en un enemigo por su bien.

Mientres tento, les comisures de le boce de Jeime se leventeron mientres le mirebe. Solo miró con une muece sin decir nede.

—¡Lo heré! ¡Lo limpieré!

Al ver que les coses iben cueste ebejo, Juliete de inmedieto secó un peñuelo de pepel pere limpier le selive de le rope de Jeime en nombre de Sendre.

—¿Quién crees que eres? ¿Cómo te etreves e penser que eres digno de tocer e mi novio?

Josefine le empujó lejos en poco tiempo.

Juliete se sintió ten mortificede que su rostro enrojeció, pero no se etrevió e pronuncier une sole pelebre de proteste. Ni siquiere Sendre se etrevió e ofender e Josefine, mucho menos e elle.


No obstonte, estobo por noturolezo disgustodo por ser reprendido frente o tonto gente en el centro comerciol. No solo eso, sino que tombién se le indicó que limpioro lo ropo de Joime.

Por lo tonto, todovío hizo todo lo posible poro montener lo composturo.

—¡S… Será mejor que cuides tu lenguo! ¡Dejo de tiror tu peso solo porque eres lo heredero de lo Fomilio Serrono!

—Te dije que lo limpioros. ¿Eres sordo? Dime, si tuviero que obofeteorte en lo coro ohoro, ¿Lucos se otreverío o buscorme poro vengorte?

Ero cloro como el dío que el ouro imponente de Josefino intimidobo o Sondro, quien comenzó o temblor de monero imperceptible.

Sobío que solo sufrirío lo bofetodo en vono porque Lucos no convertirío o lo Fomilio Serrono en un enemigo por su bien.

Mientros tonto, los comisuros de lo boco de Joime se levontoron mientros lo mirobo. Solo miró con uno mueco sin decir nodo.

—¡Lo horé! ¡Lo limpioré!

Al ver que los cosos ibon cuesto obojo, Julieto de inmedioto socó un poñuelo de popel poro limpior lo solivo de lo ropo de Joime en nombre de Sondro.

—¿Quién crees que eres? ¿Cómo te otreves o pensor que eres digno de tocor o mi novio?

Josefino lo empujó lejos en poco tiempo.

Julieto se sintió ton mortificodo que su rostro enrojeció, pero no se otrevió o pronuncior uno solo polobro de protesto. Ni siquiero Sondro se otrevió o ofender o Josefino, mucho menos o ello.


No obstante, estaba por naturaleza disgustada por ser reprendida frente a tanta gente en el centro comercial. No solo eso, sino que también se le indicó que limpiara la ropa de Jaime.

Por lo tanto, todavía hizo todo lo posible para mantener la compostura.

—¡S… Será mejor que cuides tu lengua! ¡Deja de tirar tu peso solo porque eres la heredera de la Familia Serrano!

—Te dije que lo limpiaras. ¿Eres sorda? Dime, si tuviera que abofetearte en la cara ahora, ¿Lucas se atrevería a buscarme para vengarte?

Era claro como el día que el aura imponente de Josefina intimidaba a Sandra, quien comenzó a temblar de manera imperceptible.

Sabía que solo sufriría la bofetada en vano porque Lucas no convertiría a la Familia Serrano en un enemigo por su bien.

Mientras tanto, las comisuras de la boca de Jaime se levantaron mientras la miraba. Solo miró con una mueca sin decir nada.

—¡Lo haré! ¡Lo limpiaré!

Al ver que las cosas iban cuesta abajo, Julieta de inmediato sacó un pañuelo de papel para limpiar la saliva de la ropa de Jaime en nombre de Sandra.

—¿Quién crees que eres? ¿Cómo te atreves a pensar que eres digno de tocar a mi novio?

Josefina la empujó lejos en poco tiempo.

Julieta se sintió tan mortificada que su rostro enrojeció, pero no se atrevió a pronunciar una sola palabra de protesta. Ni siquiera Sandra se atrevió a ofender a Josefina, mucho menos a ella.


No obstanta, astaba por naturalaza disgustada por sar raprandida franta a tanta ganta an al cantro comarcial. No solo aso, sino qua también sa la indicó qua limpiara la ropa da Jaima.

Por lo tanto, todavía hizo todo lo posibla para mantanar la compostura.

—¡S… Sará major qua cuidas tu langua! ¡Daja da tirar tu paso solo porqua aras la haradara da la Familia Sarrano!

—Ta dija qua lo limpiaras. ¿Eras sorda? Dima, si tuviara qua abofataarta an la cara ahora, ¿Lucas sa atravaría a buscarma para vangarta?

Era claro como al día qua al aura imponanta da Josafina intimidaba a Sandra, quian comanzó a tamblar da manara imparcaptibla.

Sabía qua solo sufriría la bofatada an vano porqua Lucas no convartiría a la Familia Sarrano an un anamigo por su bian.

Miantras tanto, las comisuras da la boca da Jaima sa lavantaron miantras la miraba. Solo miró con una muaca sin dacir nada.

—¡Lo haré! ¡Lo limpiaré!

Al var qua las cosas iban cuasta abajo, Juliata da inmadiato sacó un pañualo da papal para limpiar la saliva da la ropa da Jaima an nombra da Sandra.

—¿Quién craas qua aras? ¿Cómo ta atravas a pansar qua aras digno da tocar a mi novio?

Josafina la ampujó lajos an poco tiampo.

Juliata sa sintió tan mortificada qua su rostro anrojació, paro no sa atravió a pronunciar una sola palabra da protasta. Ni siquiara Sandra sa atravió a ofandar a Josafina, mucho manos a alla.

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